En 1982, a bordo del velero Bohic Ruz, tras una travesía de 11.000 millas desde España, Anselm Pi Rambla navegaba por la costa del Perú. En la bahía de Paracas, unas 160 millas náuticas al sur de Lima, vio un extraño y enorme geoglifo en un promontorio de la bahía.
«Al observarlo, supe que estaba contemplando algo muy importante. Mi primera intuición fue que este geoglifo encerraba un misterio perteneciente a una civilización perdida en la noche de los tiempos.» Ese mismo año comenzaron las mediciones de sus brazos y de su base, de su orientación astronómica y de sus surcos. Siguieron muchos años de investigación y exploración. Aquella intuición no le defraudó.
El Tridente / Candelabro de Paracas es la representación del Árbol del Mundo, el Axis Mundi. Su eje central fue alineado con el Polo Sur Celeste, y toda su geometría nace de la constelación de la Cruz del Sur.
Está trazado en una colina frente al mar, en el cerro Colorado, cerca de la Necrópolis de Paracas, y es visible desde el mar en días despejados. Su forma es la de un Tridente, aunque se ha popularizado como Candelabro por las dos ramas laterales que parecen sostener su eje central.
Las paredes de sus surcos están formadas por terrones de arena fuertemente prensada. El suelo es arena consolidada por el viento y la humedad del mar. Esta arena puede quitarse fácilmente y, a un metro de profundidad, aparece una sorpresa: la base del geoglifo es una capa salina cristalina, de color blanco amarillento, de 50 centímetros o más de grosor, extraordinariamente lisa, con ondulaciones de apenas un centímetro.

Cuando llegaron los conquistadores ya era visible. Los españoles lo llamaron «el signo milagroso de las Tres Cruces». José de San Martín creyó que era un símbolo masónico y una señal para los navegantes. En 1926, el francés Víctor Forbin escribió que lo habían dibujado los atlantes, y María Reiche lo midió sin llegar a ninguna conclusión. Se ha dicho incluso que marcaba sacrificios humanos, y se repite a menudo que apunta a las Líneas de Nazca. No es así: su eje difiere 43°50' de esa línea.
No existe otro igual en todo el continente. Se construyó con un propósito preciso, en este lugar estratégico de la bahía, para ser visto desde el mar por cualquier navegante que llegase a estas costas: la señal de entrada a la Tierra Mítica que la cartografía antigua llamó la Cola del Dragón.
Para descifrarlo hay que unir arqueología, astronomía, cálculo matemático y geométrico y el estudio de la simbología antigua. Con todos esos datos, su diseño y su orientación revelan tres funciones complementarias:
El brazo central del geoglifo fue alineado, en el momento de su construcción, con el Polo Sur Celeste: el punto del cielo alrededor del cual giran todas las estrellas, de este a oeste, a 15° por hora, por la rotación de la Tierra.
Todos los pueblos originarios de América llamaron a ese punto el Ombligo del Cielo: sinónimo de arriba, adelante y principal, el verdadero norte de todas las culturas precolombinas.
El eje mayor de la Cruz del Sur, formado por las estrellas Alfa y Gamma Crucis, es un gigantesco puntero que señala siempre el mismo punto del cielo. Prolongando el brazo mayor de la Cruz cuatro veces y media desde su pie, encontramos el Polo Sur Celeste. Bajando la vista en vertical hasta el horizonte, está el Sur.
«Fundamental es el sistema astronómico de orientación indígena que se dirige hacia el sur, no hacia el norte como en la civilización occidental, de modo que la región del Polo Sur viene a ser el ‘arriba’ para ellos.»Dick Edgar Ibarra Grasso · 1982
Cada 3 de mayo, cuando la Cruz del Sur alcanza su posición vertical, su eje mayor y el eje del Candelabro quedan en perfecta alineación. Es la noche de la Cruz Velakuy, el Año Nuevo andino, un rito de más de 5.000 años; el mismo día, la cristiandad celebra la fiesta de la Vera Cruz.
«Volvime hacia la mano diestra, fijándome en el otro Polo, y vi cuatro estrellas jamás vistas desde los primeros humanos. El cielo semejaba gozar con sus fulgores. Oh Septentrión, qué lugar triste representas al verte impedido de contemplarlas.»Dante Alighieri · Divina Comedia, Purgatorio, canto I
Hacia ese lugar del Cosmos, donde apunta el brazo de la Cruz del Sur, muchas culturas situaron el origen y el orden del universo, y le dieron muchos nombres.
Para Ibarra Grasso, Ticci o Ticsi significa fondo, cimiento, abismo: el Nadir, el punto opuesto al Cenit. Wiracocha es el señor del Cielo Nocturno, la última y extrema forma del Jaguar Celeste, concebido como la fuerza creadora de la Naturaleza.
El geoglifo se sostiene sobre un rectángulo situado a sus pies, de 20,40 × 14,40 metros, formado por una zanja de 2,5 metros de ancho. Dentro, a unos 5 metros de su borde superior y en la prolongación del brazo central, hay una cavidad circular de 3 metros de diámetro.
El rectángulo se construyó con un cuadrado de 14,40 metros de lado y su diagonal de 20,40 metros: la misma proporción que los brazos de la Cruz del Sur. En la tradición andina se le llama el Rectángulo Armónico. El triángulo que une los tres brazos se construyó con la constante pitagórica (√2): sus lados iguales son los de un cuadrado, y su base, la diagonal. Las longitudes de los tres brazos guardan la misma proporción.




El cálculo del cuadrado y su diagonal es tan antiguo y universal como el de los solsticios y equinoccios: está en templos y pirámides de México, China, Sumeria, Grecia, Perú y Bolivia, y los egipcios lo usaron para derivar el Codo Real. En los Andes, a partir de los brazos de la Cruz del Sur, nació una unidad de medida, el tupu, la distancia del brazo menor de la Cruz. La diagonal del cuadrado, proporcional al brazo mayor, se llamó Chekkaluwa, «lo Verdadero». El cuadrado y su diagonal fueron la Proporción Sagrada.
La Chakana y el Qhapaq Ñan →
Avances de la investigación de Pi Rambla Heritage Foundation sobre la orientación, la geometría y la materia del geoglifo.
El brazo central del geoglifo no apunta exactamente al sur, sino unos 5° más al este: a 175°. No es un descuido. Nuestro análisis del relieve indica que el cerro sobre el que fue trazado sube precisamente en esa dirección, y que sus constructores dibujaron el eje recto ladera arriba, siguiendo su máxima pendiente. Por eso, quien se acerca desde el mar de frente a la ladera ve la figura perfectamente vertical y simétrica, como si estuviera de pie sobre el cerro.
La Cruz del Sur, guía de los pueblos andinos, señala con su brazo mayor hacia el Polo Sur Celeste, el punto del cielo alrededor del cual giran todas las estrellas. Hoy culmina a unos 41° de altura sobre el horizonte de Paracas. Pero el cielo cambia despacio: por la precesión de los equinoccios, hace unos 2.200 años la Cruz se veía más alta, cerca de los 52°, y su eje apuntaba al Polo con un margen de menos de 2°. Quienes trazaron el geoglifo contemplaban ese cielo, no el de hoy.
Hoy la Cruz alcanza su posición vertical hacia las 21:45 del 3 de mayo, fecha del rito de la Cruz Velakuy. En tiempos del geoglifo, ese mismo momento del cielo ocurría un mes antes, hacia principios de abril, porque la precesión desplaza el calendario de las estrellas aproximadamente un día cada 72 años.
El rectángulo de la base del Candelabro, señalado en dorado en la foto aérea, mide 20,4 por 14,4 metros: una proporción de 17 a 12. Es casi idéntica a la que hay entre la diagonal de un cuadrado y su lado, la raíz cuadrada de 2 (1,41421…). La diferencia es de menos de dos milésimas. No es una medida tomada a ojo: es exactamente el resultado que da uno de los procedimientos geométricos más antiguos que se conocen.
La escalera de los «números laterales y diagonales»:
1/1 · 3/2 · 7/5 · 17/12 · 41/29 · 99/70 …
Regla: nuevo lado = lado + diagonal; nueva diagonal = 2 × lado + diagonal. Cada peldaño se acerca más a √2, y 17/12 es el cuarto.
El problema de la diagonal. Según la tradición, los pitagóricos descubrieron en el siglo V a.C. (el hallazgo se atribuye a Hípaso de Metaponto) que la diagonal de un cuadrado no puede expresarse exactamente como una razón entre dos números enteros. Los constructores, que miden con cuerdas y cuentan unidades, necesitaban por tanto una aproximación práctica hecha de números enteros.
Los números laterales y diagonales. La solución griega es una escalera de sumas sencillas, sin decimales ni raíces. Se empieza con un lado de 1 y una diagonal de 1. Para subir un peldaño, el nuevo lado es la suma del lado y la diagonal, y la nueva diagonal es el doble del lado más la diagonal. La escalera da 3/2, 7/5, 17/12, 41/29… cada vez más cerca de la diagonal verdadera. En el cuarto peldaño, un cuadrado de 12 unidades de lado tiene una diagonal de 16,97: prácticamente 17.
Quién lo usaba. Platón lo evoca en la República (c. 375 a.C.) cuando habla del «diámetro racional de cinco»: la diagonal de un cuadrado de lado 5 mide casi 7, el peldaño 7/5. Teón de Esmirna (siglo II d.C.) describe el método completo en su Exposición de los conocimientos matemáticos útiles para la lectura de Platón, con el nombre de «números laterales y diagonales», y Proclo (siglo V d.C.) vuelve a explicarlo en su comentario a la República de Platón.
No solo en Grecia. Una tablilla de arcilla babilónica (YBC 7289, Universidad de Yale, c. 1800–1600 a.C.) muestra la diagonal del cuadrado con una precisión de seis decimales. Y los Sulba Sutras de la India (c. 800–500 a.C.), cuyo nombre significa «reglas de la cuerda», dan 577/408 para trazar altares: otro peldaño de la misma escalera.
Qué significa para el Candelabro. No implica un contacto con Grecia: es un camino al que puede llegar cualquier constructor que trabaje con cuerdas y cuente con cuidado. Lo que sí revela es que el rectángulo se trazó con un método geométrico deliberado. Con una cuerda de 12 medidas para el ancho y 17 para el largo se obtiene, sin cálculo alguno, un rectángulo cuyos lados son los de un cuadrado y su diagonal. Quienes trazaron el Candelabro conocían ese método.
Bajo la arena que hoy cubre los surcos aparece una capa salina, blanca y extraordinariamente lisa. Con los surcos limpios, el Candelabro brillaría a pleno sol y podría verse desde el mar a muchas millas de distancia, con un tamaño parecido al de la Luna llena en el cielo. En las zonas más empinadas, hacia el mediodía del solsticio de diciembre, la sal podría incluso reflejar el Sol como un espejo hacia los navegantes.
Resultados preliminares del equipo de investigación de Pi Rambla Heritage Foundation (2026). La orientación de la pendiente se confirmará con un modelo 3D del terreno de alta resolución, y el reflejo de la capa salina, con observación desde el mar.
Su diseño representa el Árbol Cósmico de la Vida: el Árbol del Mundo, el Eje invariable que penetra y une las tres regiones del espacio.
Cuando estamos en presencia de un árbol con una forma ternaria, con su columna central y sus dos columnas laterales de dualidad análoga y opuesta, unidas en equilibrio por un triángulo en un solo árbol, entonces ese árbol representa el verdadero Eje del Mundo, conocido como Axis Mundi.
El triángulo que une los tres ejes es una de las signaturas del Polo Celeste y representa la Unidad que contiene los tres mundos: el Cosmos, la Tierra y el Mundo Interno, los tres Pachas de la tradición andina, Hanan Pacha, Kay Pacha y Ukhu Pacha. Sus dos columnas laterales son las dos corrientes cósmicas que en muchas tradiciones se enroscan en torno al eje, como las serpientes del caduceo. En los Andes es el Tupac Yauri, el bastón de mando de Wiracocha, resplandeciente como el rayo.
El círculo dentro del rectángulo de la base representa el recinto del Paraíso Terrestre, el centro del que nace el Árbol.
¿Coincidencia, o el vínculo con una misma Cultura Madre Primigenia?
Un mismo eje en todos los pueblos →En 2027 está previsto comenzar los trabajos para devolver el Candelabro a su estado original.
Con los surcos limpios, la capa salina, blanca y asombrosamente lisa, produciría bajo el sol destellos de gran luminosidad, cambiantes con la inclinación de los rayos. Según nuestros análisis de navegación con el yate Bohic Ruz, podrían verse desde unas 10 millas náuticas mar adentro en un día despejado. Así debieron verlo los navegantes que llegaban a la bahía de Paracas.
Paracas, puerto de los viajes transpacíficos →Esta investigación se desarrolla por completo en el capítulo 3 de Umbilicus Mundi, «El Árbol del Mundo», de Anselm Pi Rambla.
Descargar el capítulo 3 (PDF) → Ver Umbilicus Mundi →